Me recuerdo de mi niñez, como uno de los pasajes más extraordinarios de la vida de los mexicanos, tiempos aquellos, los años sesentas del siglo pasado, en los que la historia de México era todavía cosa viva, el Presidente de la República no sólo era el Ejecutivo de la Nación, sino sobre todo el conductor de un pueblo, que depositaba toda la confianza porque creía en un modelo de Nación sobre el que nadie dudaba, se reivindicaba como concepción en la que todos eran representados, en donde los intereses de cada uno de los sectores estaban a salvo. Los niños nos levantábamos todos los días a darle al trabajo en el aula, a compartir con nuestros maestros la cultura del trabajo en beneficio de la Nación, porque desde ella, con la conducción del presidente de la República, los diversas rutas del desarrollo eran oportunidades de proyectos individuales y colectivos de existencia.
Leer más...






