Carta al canto, Michoacán

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Lima, Perú.- No hay nada como compartir estos lugares en compañía de ustedes, amigos lectores o al menos alguno de mis hijos Cruz Armando o Cruz Rosario o Conchita, compañera universitaria, en un especie de testimonio compartido, aunque secreto de un turismo que se inquieta con el encuentro con otros pueblos, con sus historias, sus expectativas a miles de kilómetros, en Lima. Pero en fin, las estructuras de estas culturas son contrastantes, tres grandes épocas jugando con el destino de los pueblos del Perú y con su historia. La imponente cultura en las cumbres de Cuzco, viendo desde las alturas cósmicas y mágicas trascurrir los tiempos. Luego la fisonomía de la Colonia que se unta en la arquitectura del centro de Lima, majestuosa, emblemática, pero con un testimonio al lado, el de la realidad cotidiana, de todos los días, de un tiempo que no transcurre para nadie, si no es a condición de mirarlo al detalle, los pequeños pero persistentes esfuerzos de  un poder sutil, pero con un fortaleza que proviene del sentido de una nación con certidumbre en su paso por la historia presente, ese pulso divino trabaja socialmente.

Perú camina y trabaja con su presidente, con Alán García que ha renunciado a un sin fin de privilegios del poder para compartirlos con todos, con el pueblo, ese personaje que es manejado en la propaganda de México como “la gente”, no el pueblo que es la ciudadanía en movimiento, ese “contigo”, del que les ve como sujetos ajenos  a su candidatura o a su mandato, porque deja de ser voto. Hacía muchos años que el concepto pueblo no tenía el valor de integración que ahora veo en Perú, no es carta de presentación para un candidato, sino la carta de presentación de sí mismo, en su historia, en la que Perú resolvió caminar hacia la socialdemocracia y tuvo que ser uno, unido  programáticamente. Decidió entonces poner al centro la lucha contra la pobreza, es más, determinó que la época de acumulación de las desgracias del pueblo habrían de pasar a la historia y postuló al conductor de esa estrategia: Alán García, aquel que había afirmado, después de 1968, que México, ciertamente no era una dictadura, sino una “dicta blanda”, por la sujeción sutil de la democracia de un gobierno monopartidista, y la vida del país, “por la tolerancia de su sociedad hacia todas las formas de pobreza”, yo diría más por la complicidad de todas las formas de dominio, y de toda la pobreza, con los políticos que le dotan de programas, para hacer sufrible toda forma de marginalidad social. En ese sentido alán García, presidente del Perú, tenía razón.

Sin embargo una visita a Lima, como esta, para recoger un reconocimiento a la Excelencia Académica, del Proyecto de Cultura y Reforma Educativa, Procrea, que me honro en dirigir, nos permite dar cuenta de su situación internacional, del cultivo de la cultura de la ubicuidad y de la diplomacia internacional, su orientación para vivir en los escenarios compartidos de la globalidad y de lo local, al centro de la mundialidad de América del Sur. Su ubicación fronteriza con Venezuela y con Brasil parece que le da una sensación de estabilidad, de relación solidaria con los esfuerzos por construir esta región continental en la que el sello de distinción es la lucha contra la pobreza, de todas las formas de pobreza, en especial la económica y la educativa, parece ser un compromiso de todos los pueblos con sus gobiernos.
Aquí no es vista Venezuela como el posible tirano, como el dictador que amenaza a sus vecinos, su seguridad, su futuro, sino el aliado que busca en las perspectivas sociales, todas las rutas para toda una nación, con el asentimiento del vecino, incluso me doy cuenta que los medios en México le siguen llamando Venezuela y los pueblos vecinos, República Bolivariana y socialista de Venezuela. Más reconocido aún es el caso de Lula da Silva, presidente del vecino Brasil que llega consolidando el poder del Estado con un poder que lo comparte con la nación, que representa el bien común, sin sujeción a un partido a una oligarquía, a una élite del poder fáctico. En conversación con un universitario distinguido de la Universidad de Lima, nos dice que no podía ser mejor el entorno internacional, cuando nos referíamos a la complicada vecindad de la Venezuela de Hugo Chávez y el conflictivo devenir del Brasil de Lula da Silva. “Para nosotros el escenario regional compartido con un Brasil y una Venezuela con voz propia, nos permiten hablar con la globalidad en voz alta, incluso, en coro.” Nos da claridad, en el marco de la entrega de los Reconocimientos Éxito Awards, al Procrea en Lima Perú, a la Excelencia Educativa, en un foro Iberoamericano.

Pero también Perú comparte al norte su frontera con Ecuador, país que resolvió integrarse a la concepción social demócrata, con el presidente Rafael Correa desde enero del 2007 y que en abrumadora mayoría sigue manteniendo simpatías por encima del 60% en las encuestas en Ecuador. Hay que recordar su posición frente a la incursión del ejército colombiano para arrasar con un campamento de heridos y de vinculación diplomática y solidaria en territorio de Ecuador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Tal vez en contexto, Perú sólo con Colombia no cuenta con una relación amistosa, aunque no puede decirse que sean de beligerancia militar o política. De cualquier manera, Ecuador es aire fresco que azota amistosamente el proceso de fortalecimiento de la economía en Perú, que solidariamente anuncia que el futuro con sentido social que el imprime Alán García es el correcto, que allí van juntos, firmes uno al lado del otro, como pueblo, pero también con las naciones vecinas, creciendo al lado de Brasil, visto como el gigante de la democracia, en esta región del continente.

Sin embargo, no hemos terminado con la relación de la diplomacia geográfica de Perú. El presidente Evo Morales de Bolivia, es el vecino del oriente, que se comunica en las regiones selváticas y del gran macizo de los Andes, la poderosa cordillera que les une en columna vertebral a la parte occidental de América del Sur.  Bolivia no ha llegado tarde, Perú le recibe con beneplácito ahora con Evo Morales, que abre  para Bolivia la Era de la Democracia Indígena en el continente, que fortalece la visión de la unidad nacional para enfrentar los trabajos de la democracia como ruta del cambio.

Perú comparte el reclamo de Bolivia del corredor hacia el mar perdido en la Guerra del Pacífico, 1879-1883, que contó con la solidaridad en todo el conflicto con Chile, a pesar de que todos los tratados les dan la razón a los bolivianos. Hoy se da la batalla por la apertura de una ruta al mar y a las riquezas de la región, las grandes extensiones de guano de aves marinas y el salitre, que pone a prueba las relaciones de solidaridad entre movimientos fraternos, socialdemócratas de Chile con Michelle Bachelet, Evo Morales y de Alán García, Chile, Bolivia y Perú, respectivamente.

Pero a pesar de todo, Chile tiene una reciente experiencia de solidaridad en beneficio de Chile. Parece reciente ahora, la batalla por la democracia que se selló en combate, el propio Salvador Allende, presidente de Chile, a la dictadura, aquel 11 de septiembre de 1973, cuando Pinochet lanzó todo el poder militar de la Fuerza Aérea y del Ejército contra el Palacio de la Moneda, cede  Sí, en México tenemos problemas, nos dio catarro, influenza estacional y luego la crisis, así nos ven, bueno, así me veo también en el marco de una amplio movimiento socialdemócrata y revolucionario y no derecha que vive ahora en Los Pinos y que parece una Carta al Canto, sin saber a cuál hay que apostarle.

Última actualización el Martes, 05 de Enero de 2010 10:40  

C.Dr. Armando González Carrillo.

Coordinador Estatal del Proyecto de Cultura y Reforma Educativa, Procrea.

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