Sin duda la Reforma Política en México debe orientarse, más que en el sentido electoral, ha de hacerlo en la dirección de construir, compartidamente, un proyecto de Nación, en el que las diversas capas sociales lastimadas por el modelo empresarial, sean restituidas como proyectos exitosos que remontan la condición de pobreza de 60 millones de habitantes, que el modelo económico no dependa más del desarrollo del Grupo de los 8, sino de un repunte de la inversión de largo aliento desde el Estado mexicano, de la Iniciativa Privada nacional y de una adecuada intervención del capital mundial, no para imponerse sino para propiciar bloques de desarrollo subcontinental como América del Sur, que cuenta ya con un tratado de mercado y de solidaridad para el desarrollo regional. Los políticos mexicanos, desde la moda de globalidad como referente de desarrollo, se han dejado llevar por el principio aquel, que afirma que el modelo de la economía internacional es el único referente para sacar adelante la economía, aunque en el sur, en América Latina todos los países parecen haber encontrado la ruta contraria a partir del desarrollo nacional y regional, como condición para que las empresas internacionales puedan ingresar a las economías de cada país.
Pero además los modelos alternativos en Argentina, en Chile a pesar de la derrota táctica del pasado domingo, han surgido de poderosos movimientos políticos y sociales, en los que el telón de fondo es una especie de refundación de cada república restableciendo los equilibrios entre la producción de riqueza desde las empresas y su contribución en la bolsa social y el reparto en los salarios y prestaciones directas de los trabajadores. El ejemplo del referéndum en Ecuador, en el que el presidente Rafael Correa, llamó a la constitución de una Asamblea Constituyente y gana con más del 70% de los votos teniendo en contra apenas un 11.5%, es un referente más de que el proceso de Reforma del Estado no es la simulación política de una élite, como en México, sino la convocatoria a la sociedad ecuatoriana para construir un Estado solidario, democrático y con justicia social como un concepto instalado, como el eje central del movimiento del cambio en México.
Pero también Evo Morales se plantea un referéndum en donde se pone cuestión si el Estado Nacional es quien debe administrar las riquezas energéticas como el Petróleo, el Gas, el Carbón, para convertirlas en los soportes estratégicos del desarrollo. Evo Morales triunfó también, se consolidó como presidente y con la posibilidad de ser reelecto, como estrategia y como medio para dar continuidad a una verdadera revolución social, antiétnica, cultural y claramente política. En Argentina y el Uruguay, al igual que Venezuela, Bolivia y Ecuador, se pone en evidencia que la marcha de la historia no sólo no se ha detenido, sino que, por el contrario, es la puesta en marcha de los sentidos populares, sociales y democráticos para imaginar un gran pacto social, una nación que exprese los avances democráticos de la humanidad, en el nacimiento del tercer milenio.
En el proceso de selección del candidato del PRD a la actual gubernatura, lo pusimos al centro del modelo del cambio, de democracia participativa, de visión republicana, desde la Revolución Democrática, era ese gran sentido participativo, el propiciar una Reforma Política, como un instrumento, como el pequeño motor que nos conduciría a grandes consensos republicanos, aquí en Michoacán, sí, en Michoacán, en donde hemos propiciado históricamente ejes claves de una Nueva Patria con Hidalgo y Morelos, un Estado laico y con sentidos de reparto de la riqueza social en una ampliación de los actores de la producción, liberando la esclavitud de los ciervos de la gleba, jornaleros acasillados de las haciendas y circunscribir el poder de la Iglesia a la fe y nacionalizar las propiedades como poder vinculante con la política como lo hizo la reforma, con Juárez y Ocampo.
Pero esa candidatura reformista se ha ocupado más de gubernatura ocupada en la administración de los problemas y de los rezagos como la pobreza generalizada en el campo michoacano, vaciado porque la miseria ejerce el gran poder de expulsión, de destrucción de los escenarios agropecuarios que están por debajo de la productividad del primer mundo y deja de ser rentable en lo económico, pero hay que mantenerla en condiciones de sobrevivencia porque en política, sigue siendo rentable en la clientela electoral de las despensas, los proyectos productivos dirigidos con tiros de precisión estrictamente electoral, como el Cementazo, firma de compromisos, y los etcéteras del ingenio de los operadores electorales.
Michoacán requiere en estos momentos convertirse en esa posibilidad de ejemplo, de modelo bisagra en el que los partidos políticos construyen desde el consenso la nueva fisonomía de un Estado Nacional, Democrático por su condición de acuerdo participativo de todas las fuerzas políticas y de la sociedad civil. Leonel Godoy no se ha orientado a ser el impulsor de un gran modelo de encuentro nacional de los posibles actores de Profunda Reforma Política Nacional, no se ha sabido aprovechar que el presidente de la República, Felipe Calderón, es michoacano, como lo es el presidente del PAN, el promotor histórico del cambio democrático nacional, el ingeniero Cárdenas y es evidente el reconocimiento de Beatriz Paredes, presidenta del PRI, a la personalidad política y a su visión, con sentido social del ingeniero Cárdenas.
Estas personalidades saben que urge que en la política nacional se instituya una mayoría calificada de cuando menos el 50% más uno de los votos válidos de la elección para presidente de la República, senadores y en especial para gobernador.
A nombre del FASSEM y de Unidad Ciudadana, un colectivo de dirigentes le propusieron a Leonel que recogiera este instrumento de construcción de esas mayorías, en especial porque la elección del 2006 deja en un empate técnico al PAN y al PRD y porque en términos numéricos, el actual Presidente gobierna apenas con el 17% de los empadronados por el IFE y porque el desempate en una segunda vuelta electoral, entre PAN y PRD empezaría a construir la cultura de los consensos con la fuerza que, siendo mayoría, sería determinante para el desempate y con ello liberaría a México de los gobiernos de partido, para instaurar los de composición, de dos o más partidos, inclusive. Pero igualmente vital es que los políticos se den también a la tarea de construir proyectos de Nación con los matices que demandan las alianzas para construir la mayoría gobernante, necesaria para que los programas tomen forma en programas que recojan esta suma de esfuerzos electorales en políticas públicas.
No a la reelección para no alentar la concentración del poder en personas, en los partidos. Que nadie vaya aprender el primer periodo para consolidar la reelección, vayamos por una cultura desarrollada de la política, de la democracia, que permita que lo electoral sea la oportunidad para un pueblo, y no para personas, con cultura política, en la que sea verdad que todo ciudadano puede elegir y ser electo a los puestos de elección popular o incluso por designación, porque en educación, desde preescolar hasta el bachillerato se desplegó una educación para la ciudadanía, para la democracia, para la justicia, para el cambio superior, es decir, una revolución social desde la democracia y hacer verdad, probar en la vida política nacional, que la Revolución Democrática es la conciencia nacional que opera como pulso del cambio. Hay que decirle al PRD -decirnos- que es importante que las preferencias sexuales se puedan convertir en relaciones homosexuales como Convenios de Interés, -o matrimonio contractual- como se hace en Holanda, o en términos parecidos en España, por dos años y susceptibles de ser ratificados, pero el telón de fondo ha de ser una gran revolución cultural, social y política.







